Desapareciendo
Me sucede que algo o alguien desaparece, y entonces una parte de mi pasado también lo hace un poco.
Con el paso de los años, mi realidad va desapareciendo y se va convirtiendo en recuerdos, en historia. No sólo a mi, a todos y a cada uno de los que habita y ha habitado este mundo, les sucede lo mismo. Cada día que pasa existe la posibilidad de que una partecita, un testigo de algo que viví, algo o alguien, desaparezca, y entonces mi memoria tiene que volverse un poco más grande para no olvidar todo lo vivido, y mi corazón un poco más ancho para no olvidar todo lo sentido. En vano es, pues siempre habrá resquicios por donde se salgan los recuerdos. Esta semana fue un cantante. Un cantante cuyo nombre no recuerdo, ni su rostro tampoco, pero que hacía parte de una banda, ya desaparecida hace unos años por la muerte de su vocalista, de la cual mi papá era un gran fanático. De hecho, como mucha de la música que me gusta actualmente, yo conocí a esa banda gracias a mi papá. Porque él ponía casetes en el carro, cuando hacíamos esos viajes habituales a la finca, cada fin de semana, casi como un ritual, y se ponía a cantar, o me explicaba el nombre de la canción o de la banda. Y unos años después, cuando el dinero se lo permitió y cambió de carro, ya me pedía que le pasara algún otro CD para reemplazar el que había terminado de sonar, CDs que él mismo aprendió a 'quemar' juntando sus canciones favoritas. A todos los ponía con sharpie títulos como "Súper éxitos #" (uno nunca sabía qué clase de mezcla se iba a encontrar al reproducir el disco, pero en general me gustaban), y de esos alcanzó a tener yo creo que más de 10. Entonces este cantante murió esta semana, enterrando aún más las remotas posibilidades de que la banda volviera alguna vez a los escenarios o al estudio, incluso sin su vocalista, y me di cuenta de que seguramente mi papá hubiera estado triste también porque uno de sus cantantes y bandas favoritas hubieran desaparecido. Y entonces me dije nuevamente, porque ya lo vengo pensando hace años, 'ha desaparecido un testigo más de la existencia de mi papá'. Ya me había pasado antes, cuando murió mi perro -su perro, nuestro perro, el perro de mi mamá- Pulgoso. El último perro que perteneció a mi papá, el último al que le puso el nombre, al que entrenó (un poco y no muy bien), al que adoptó. Cuando Pulgoso murió, sentí y pensé lo mismo, 'ha muerto uno de los últimos testigos de que mi papá sí existió'. Al pensar en esto me parece un poco raro. O más bien, iluminador y un poco deprimente. No sólo desaparecemos, al menos de este mundo material, sino que también lo van haciendo todas aquellas cosas o personas que nos conocieron, que nos pertenecieron, eso que nos gustó, esos lugares que visitamos. Todo lo que recuerda nuestra existencia. Y tal vez el olvido definitivo será cuando desaparezca esa última partecita, esa pizca, esa cosa, esa persona, que asegure que nosotros SÍ EXISTIMOS, que sí fuimos reales y que pasamos por acá. Después de eso, ni un recuerdo seremos.
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