Defendiéndonos de la comodidad

No hay nada gratis en la vida.

Aquello que nos parece gratis, fue pagado por alguien, de alguna manera, en algún lugar.

Me puse a pensar en esto analizando el estilo y calidad de vida de la sociedad actual. En general tenemos mejores condiciones de vida que hace pocos siglos. En 1800 no había electricidad, por ejemplo. Y antes de esa misma época no había un buen sistema de alcantarillado (aunque sí los hubo en la Edad de Bronce -entre el 4000 y el 3000 A.E.C., sólo que fueron dejados a un lado durante cientos de años). 

Sin embargo, esta calidad y estilo de vida no vienen gratuitamente. Literalmente, creo que ahora tenemos que defendernos, protegernos, de tanta comodidad y de la manera cómo llevamos nuestra existencia si queremos tener una vida larga. Por ejemplo, si no prestamos atención a la comida que nos llevamos a la boca, terminaremos por comer cosas deliciosas, rápidas, a veces baratas, pero dañinas. Tal vez no perjudiciales inmediatamente, pero cuyos efectos negativos sí se acumulan a lo largo del tiempo.

De manera similar, si no cuidamos nuestra atención, desperdiciaremos todo o gran parte de nuestro tiempo viendo la pantalla del celular, perdidos en medio de videos y fotos que fluyen continuamente. 

Es decir, nuestro cuerpo y nuestra mente pueden ser víctimas, pueden degradarse o pueden ser secuestrados por la manera en que vivimos hoy en día. Nuestra salud financiera también puede reducirse si caemos en el hoyo sin fin del consumismo: comprando y comprando cosas que no necesitamos, que usaremos una vez y que luego dejaremos guardadas, tiradas y olvidadas en un rincón de nuestra vivienda. 

Todo esto a su vez nos lleva a dedicar menos tiempo para el ejercicio de nuestro cuerpo. Porque entre más cosas tenemos, más tiempo tenemos que dedicarles a mantenerlas organizadas, limpias, en buen estado. Tener cosas desgasta. Y olvidamos que necesitamos tiempo para hacer ejercicio, para mantenernos saludables, tanto en el aspecto físico como en el psicológico. 

¿Si lo ves? Si simplemente nos dejamos llevar por la vida actual, no vamos a terminar bien. Es necesario mostrar cierta resistencia e ir contracorriente, y no en pocas cosas. Y eso es difícil, no lo niego. Es un trabajo constante, de todos los días, de tomar decisiones de manera consciente, no simplemente ir en piloto automático todo el tiempo. 

Y si mi pongo a pensar en cómo vivieron mis padres y mis abuelos, creo que la situación era bastante diferente para ellos. Ellos no tenían que estar prevenidos con la vida. Ellos no tenían que defenderse de la realidad de esta manera. Sí tenían que defenderse de otras cosas, pero no de la comodidad. Podían comer muchísimas cosas, pero en general creo que no se preocupaban por que esas cosas fueran dañinas para su salud. Tenían televisión y teléfono, pero no lo llevaban en su bolsillo. No eran tentados con nuevos dispositivos o productos cada mes. Es decir, podían mantener su cuerpo, su mente y su bolsillo en buen estado sin estar a la defensiva. ¿Que no tenían tanta tecnología? ¿Que la medicina no había evolucionado tanto? ¿Que no había tantas formas de ocio? Sí a todo eso. Pero creo que su ritmo de vida era más saludable. Ahora nos toca a nosotros encontrar un balance y tratar de convertir lo que nos tocó en algo más similar a lo que había antes.

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