El vendedor de CDs
Chala. Así le decía yo y casi todo el mundo. O al menos los compañeros del colegio, y seguramente sus amigos por fuera del colegio también. ¿Por qué? Porque es su segundo apellido. López, el primero, era más normal, más común. En cambio ‘Chala’ era diferente, de hecho era único. Nunca más en la vida he conocido a alguien con ese apellido. Y eso de llamarse por el apellido es como más propio de colegios masculinos, no tengo idea por qué. Tal vez porque así nos llamaban los profesores al inicio de cada clase, cuando llamaban a lista. ‘Aragón Juan Fernando’, ‘Durán Monsalve Daniel’, ‘Henao Duque Daniel Camilo’, ‘López Chala Diego Alejandro’, ‘Ramírez Santiago’ .
¿Por qué me acordé de Diego? Porque hace un par de días fui a un concierto de Deep Purple. Increíble para mí, y tal vez también para ellos, que siguen tocando después de medio siglo. Qué fortuna, creo yo, sería poder llegar a esa edad haciendo algo que le llena el alma a uno y le llena el alma a cientos, miles, cientos de miles, o me atrevería a decir yo, millones de personas alrededor del mundo, de muchísimos países, culturas, idiomas, ideas políticas, religiosas, en fin, seres humanos de todo tipo.
Me acordé de él porque fui a un concierto de Deep Purple, en Antwerp, Bélgica. Tocaron con 3 de sus integrantes originales, rondando los 80 años, el tecladista también mayor, aunque no de la formación original, y un guitarrista un poco más joven que ellos, diría que en sus 40s o 50s. ¿Y cómo conocí a Deep Purple? Gracias a Diego.
El rock llegó a mi vida más o menos tal como llegó a la historia de la humanidad. Empecé conociendo y escuchando a los Beatles, y luego poco a poco fui conociendo artistas que iban tomando la música de sus predecesores y la iban transformando para crear un nuevo estilo. Entonces pasé de los Beatles al hard rock, al punk, al heavy metal, al glam metal, al grunge, al death metal, black metal, power metal, y más o menos terminé mi periplo con el rock industrial, o no sé bien cómo llamarlo; me refiero a ese género donde había un poco de algo parecido al rap incrustado en acordes duros del rock y del metal, tipo Gorillaz y Linkin Park.
Esto no fue un proceso lineal, ni fue a propósito, simplemente se dio así, en gran parte gracias a Diego. En la Pereira que me tocó, de los 90s y los 2000s, o al menos en mi familia, no era tan común escuchar rock y mucho menos Heavy metal o algo por el estilo. A lo sumo mis papás conocían los Beatles, Elvis Presley, mencionaban con algo de terror y desagrado a Kiss, y pare de contar. Pero en el colegio, alrededor del año 2002 cuando comenzaba el bachillerato, tenía compañeros y amigos que comenzaban a escuchar música nueva para mi. Bandas como Iron Maiden, Metallica, Marylin Manson, Sex Pistols, sonaban en los discman de algunos de ellos, y yo tenía preguntas. Quería saber más al respecto. ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Cómo se llamaba esa música? ¿Cómo se veían esos cantantes? ¿De qué hablaban las letras? No tenía muchas alternativas para obtener esa información. Tuvimos un profesor de sociales, en noveno, que decía que Metallica era satánica. Mi papá casi que odiaba a Manowar y Rata Blanca. Los programas de VH1 sobre la historia del metal eran joyas para mi. Allí conocí historias fascinantes sobre Twisted Sister, sobre Judas Priest y Pink Floyd. ¿Pero y en dónde podía escuchar esa música?
Youtube apareció alrededor del 2006, y en MTV ponían música más comercial, tipo pop. Los CDs originales eran caros, o al menos así me parecían, costando entre 20.000 y 30.000 pesos, así que mis papás no me podían comprar muchos, y si aceptaban, no iba a ser uno de música del demonio.
Entonces Diego se convirtió en aquel que promulga, que esparce la palabra. La palabra del rock. No sé si él ofreció sus CDs, o yo le pregunté, o lo vi vendiéndole algún CD a algún otro compañero, pero el caso es que Diego me empezó a vender CDs con álbumes enteros de música que era completamente desconocida para mi, y que la mayoría de las veces me hipnotizaba. Creo que nunca les dije a mis papás, y tampoco recuerdo cómo conseguía el dinero para comprar cada CD por 5.000 o 10.000, con decenas de canciones, en formato MP3, por supuesto. Así conocí a Led Zepelin, a Black Sabbat, a Megadeth, Metallica, Poison, Testament y muchísimos más que me acompañan aún hasta hoy la mayor parte del tiempo. Muy pocos artistas nuevos han llegado a acompañarme, y mucho menos a reemplazarlos. Diego las descargaba por torrents, aprovechando que tenía una buena conexión a internet, o al menos mejor que la mia en esa época. Dejaba el computador descargando la música durante todo el día o toda la noche. A veces me preguntaba qué quería escuchar, me contaba historias sobre los álbumes, sobre los artistas, se empezó a convertir en mi asesor musical, a quien le podía preguntar sobre nombres de artistas, años de álbumes y estilos de música.
Intento constantemente encontrar nueva música, y en ocasiones lo logro, aunque he de decir que no es fácil. La música que encontré durante esos años me sigue atrayendo como un agujero negro, y aunque a veces me canso un poco de escucharla, siempre vuelvo a ella y me alegro de redescubrir detalles que no había escuchado antes. Y cuando logro ver en vivo a alguno de esos artistas, me sorprende los caminos que puede tomar la vida y me conmueve saber que mi historia con esas agrupaciones empezó en un pequeño colegio en una pequeña ciudad de un país que a veces siento como atrapado en sus propios males.
A Diego no lo veo hace unos 10 años. En alguna época, esa época, fuimos bastante cercanos. Luego nuestros tipos de vida se alejaron un poco hasta que dejamos de cruzarnos. Por mi parte, seguiré pendiente de más presentaciones en vivo de mis bandas preferidas. Ya están mayores, no sé cuándo sea la última vez
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