No sé qué hacer conmigo

 A veces, y sobre todo últimamente, siento que ya no sé qué hacer conmigo. 


Trato de encontrarle sentido a las cosas que hago, trato de que las cosas que hago tengan sentido, pero a veces es difícil. Trato de ayudar a las personas, pero a veces incluso eso también es difícil.

Con el paso del tiempo cada vez quiero hacer menos. Quiero hacer sólo lo esencial.

Y entonces pensé en la canción de El cuarteto de nos: no sé qué hacer conmigo.

Ya tuve que ir obligado a misa: sí, de pequeño iba obligado. Iba con mis papás, los fines de semana, los domingos por la mañana, y me daba muuuucha pereza. En contadas ocasiones le saqué provecho a una de estas visitas.
Ya toqué en el piano "Para Elisa": también, y también ya se me olvidó. Fue cuando retomé el piano, alrededor de los 13 años, cuando mi profesor Jairo iba a la casa y me daba clases personalizadas. Había estado en la Escuela Musical del Risaralda como desde los 8 hasta los 11 años, pero me había aburrido y me había salido. Luego de casi dos años, dije que quería retomar, pero ya no en la Escuela Musical, sino con algún profesor particular, y ese fue Jairo, el hermano de Rafael.
Ya aprendí a falsear mi sonrisa: uh, desde hace muchísimos años. No sé desde cuándo en realidad, pero estoy seguro de que fue un mecanismo de supervivencia.
Ya caminé por la cornisa: si no sabes qué es, ve y busca en internet. Eso hice yo. Esto sí creo que no lo he hecho, ni lo haría. A menos que tuviera alguna herramienta de seguridad. 
Ya cambié de lugar mi cama: muchas veces, cuando vivíamos en la casa de Venecia, y luego con cada una de las mudanzas.
Ya hice comedia, ya hice drama: he tenido periodos de mi vida, de meses o años, en donde he tratado de ver todo como parte de una obra de comedia, o parte de una obra de drama. En conclusión, es una mezcla de ambos.
Fui concreto y me fui por las ramas: sí, y en conclusión ya casi ni hablo.
Ya me hice el bueno y tuve mala fama: lo de mala fama nunca lo he conseguido realmente.
Ya fui ético: es casi que involuntario.
Y fui errático: nunca lo he logrado.
Ya fui escéptico: todo el tiempo.
Y fui fanático: de nada.
Ya fui abúlico: cada vez con más cosas.
Fui metódico: lo sigo siendo.
Ya fui púdico: también, muy a mi pesar, con algunas cosas.
Fui caótico: con casi nada.
Ya leí a Arthur Conan Doyle: sí, hace años, aunque no me acuerdo de cuáles historias.
Ya me pasé de nafta a gasoil: también me tocó buscar qué significaba esta, y si la tomamos literalmente, no lo he hecho. Nunca he tenido carro, y a mis 34 años, todavía no me interesa tener uno.
Ya leí a Breton y a Molière: ¡creo que nunca los he leído!
Pero, para más información:
André Breton (Surrealismo):
  • "Manifiesto del surrealismo" (1924):
    • Este es el texto fundacional del movimiento surrealista. En él, Breton define el surrealismo y explora sus principios y objetivos. Es esencial para comprender su visión artística y filosófica.
  • "Nadja" (1928):
    • Una novela que mezcla realidad y ficción, explorando la ciudad de París y los encuentros de Breton con una misteriosa mujer llamada Nadja. Es un ejemplo clave de la escritura surrealista.
  • "Antología del humor negro" (1940):
    • Una colección de textos que celebran el humor subversivo y provocador. Muestra el lado más oscuro y transgresor del surrealismo.
  • "Los vasos comunicantes"(1932):
    • En esta obra Breton explora la relación entre el sueño y la vigilia, y como estos dos estados se comunican.

Molière (Comedia):

  • "El avaro" (1668):
    • Una comedia clásica que satiriza la obsesión por el dinero. El personaje de Harpagón es uno de los más memorables de la literatura francesa.
  • "Tartufo" (1664):
    • Una obra que critica la hipocresía religiosa. Fue muy controvertida en su época, pero sigue siendo una de las comedias más importantes de Molière.
  • "El enfermo imaginario" (1673):
    • La última obra de Molière, en la que satiriza la profesión médica. Es una comedia llena de humor y crítica social.
  • "El misántropo" (1666):
    • Una obra que examina la hipocresía de la sociedad cortesana francesa.
Ya dormí en colchón y en sommier: me tocó recordar qué era un sommier. También ya lo hice, aunque no recuerdo dónde estaba el sommier. 
Ya me cambié el pelo de color: esto sí nunca lo he hecho.
Ya estuve en contra y estuve a favor: hum, creo que nunca me ha pasado con nada.
Lo que me daba placer, ahora me da dolor: si, tal vez con algunas comidas o actividades.
Ya estuve al otro lado del mostrador: tal vez acá se refiere a, por ejemplo, pasar de ser cliente a vendedor. Sí, ya lo he hecho también. Vendí ropa un fin de año, en diciembre de 2010, y también tuve una empresa donde vendíamos productos y servicios relacionados con la impresión 3D.
Y oigo una voz que dice sin razón: a veces me imagino qué diría mi papá en alguna situación, pero no lo dice sin razón.
Vos siempre cambiando, ya no cambiás más: en mi caso sería "¡ya no empieces otra cosa más!"
Y yo estoy cada vez más igual: no creo que igual, creo que sí estoy evolucionando. Voy llegando a ese estado en el que necesito cada vez menos, y lo poco que necesito, también lo necesito menos. 
Ya no sé qué hacer conmigo: pero sí, a veces me pregunto si vale la pena todo lo que hago.
Ya me ahogué en un vaso de agua: si, muchas veces.
Ya planté café en Nicaragua: ni en el patio de la casa.
Ya me fui a probar suerte a USA: apenas voy a viajar por primera vez en dos semanas.
Ya jugué a la ruleta rusa: nunca he entrado a un casino. Ah no, no es esa ruleta. Bueno, tampoco he hecho esa otro con armas.
Ya creí en los marcianos: sigo creyendo en los aliens.
Ya fui ovolactovegetariano, sano: no he sido, ni creo que sea nunca, vegetariano.
Fui quieto y fui gitano: me he movido bastante, pero también me gusta estar en un mismo sitio, escribiendo, como lo estoy haciendo ahora, y escuchando música.
Ya estuve tranqui y estuve hasta las manos: he tenido épocas en donde no sé cómo hacía tantas actividades. Pero ahora estoy entrando en épocas en donde me quiero concentrar en pocas. Ya he descartado muchas, porque ya las he probado.
Hice el curso de mitología: me gusta mucho el tema, tengo algunos libros, y he visto bastantes series de Netflix relacionadas con el tema, sobre todo relacionadas con Vikingos.
Pero de mí los dioses se reían: hace mucho dejé de pensar en ellos.
Orfebrería la salvé raspando: nunca la cursé.
Y ritmología aquí la estoy aplicando: esa sí la pasé, en mis múltiples cursos de baile.
Ya probé, ya fumé: nunca nada, de ningún tipo. Nunca me dio curiosidad, y además mis papás me traumatizaron un poco con lo que podía pasar si lo hacía.
Ya tomé, ya dejé: de vez en cuando una cerveza o algún otro licor.
Ya firmé, ya viajé: y lo seguiré haciendo.
Ya pegué, ya sufrí: en karate es el único sitio en donde pego. Y sí, ya sufrí. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.
Ya eludí, ya hui: sí, y me da vergüenza confesarlo, pero es la verdad.
Ya asumí, ya me fui: ambas también. Ya prefiero decir de frente "no", "no me gusta", "no me interesa".
Ya volví, ya fingí: varias veces, y sigo fingiendo, lastimosamente. Tal vez más conmigo mismo. Estamos llenos de contradicciones.
Ya mentí: sobre todo a mí mismo.
Y entre tantas falsedades: que van, con suerte, disminuyendo con el paso del tiempo.
Muchas de mis mentiras ya son verdades: a veces para bien.
Hice fácil las adversidades: porque así toca.
Y me compliqué en las nimiedades: cuando uno piensa mucho.
Y oigo una voz que dice con razón
Vos siempre cambiando, ya no cambiás más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé qué hacer conmigo

¡Adentro!
Ya me hice un lifting, me puse un piercing: ninguna de las dos.
Fui a ver al Dream Team y no hubo feeling: si se refiere a un equipo de fútbol, no he visto a ningún Dream Team.
Me tatué al Che en una nalga: no tengo tatuajes
Arriba de "mami" para que no se salga
Ya me reí y me importó un bledo: trata de que pase más a menudo.
De cosas y gente que ahora me dan miedo: trato de que me den menos cosas me den menos miedo.
Ayuné por causas al pedo: cada vez más ayudo.
Ya me empaché con pollo al spiedo: o sea, comer mucho pollo asado. Sí me ha pasado, y me ha hecho tener noches en vela.
Ya fui al psicólogo, fui al teólogo: al psicólogo sólo una vez, en febrero del año pasado, cuando pensé que el nuevo trabajo, nuevo campo de estudio, nuevo proyecto de estudio (el doctorado), nuevo lugar para vivir, en fin, nuevo todo, iban a poder conmigo. Todavía no sé si vaya a poder terminar esto que empecé, pero la diferencia es que ya no importa. Pasará lo que tenga que pasar, yo sólo haré mi mejor esfuerzo con la mejor de las actitudes.
Al teólogo fui algunas veces, estando en el colegio. Y me refiero a los sacerdotes. Creo que ellos cuentan como teólogos, ¿no? Es una de las carreras que estudian. Con varios de ellos me confesé, yo creo que unas 3 veces mientas estuve en el Calasanz de Pereira. Después de salir del colegio no volví a hacerlo. Y dejé la religión poco después.
Fui al astrólogo, fui al enólogo: al astrólogo nunca he ido, aunque sí me da curiosidad. Y al enólogo tampoco.
Ya fui alcohólico y fui lambeta: nunca he sido alcohólico, y me desagradan los lambetas, o lambones, lamebotas.
Ya fui anónimo y ya hice dieta: cada vez trato de ser más anónimo, aunque no crean, el bichito del reconocimiento llama todos los días. Y dieta como tal nunca he hecho, pero también estoy tratando de comer menos.
Ya lancé piedras y escupitajos: a veces he lanzado piedras en lagos, o en el bosque, jugando. Escupitajos nunca, me parece sumamente desagradable.
Al lugar donde ahora trabajo: no. Aunque sí tengo críticas a los lugares donde he trabajado. Y también agradecimientos.
Y mi legajo cuenta a destajo: esta frase está un poco difícil de interpretar, pero creo que significa que se está tragando, con gran esfuerzo, de dejar un legado. En mi caso, ya no sé si lo estoy intentando, si valga la pena, si sirva de algo, en fin. No sé si tenga sentido. Todo pasa, todo se olvida. Además, ¿para qué querríamos ser recordados? Es como una demostración de egolatría, ¿no?
Que me porté bien y que armé relajo: ya terminé de entender la frase anterior. Sí me he portado bien, y en cuanto al relajo, trato de armar buen ambiente cuando estoy con las personas correctas.
Y oigo una voz que dice sin razón
Vos siempre cambiando, ya no cambiás más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé qué hacer conmigo

Y oigo una voz que dice con razón
Vos siempre cambiando, ya no cambiás más
Y yo estoy cada vez más igual
Ya no sé qué hacer conmigo

En conclusión, creo que la respuesta es que nada tiene sentido, no tengo que obligatoriamente encontrarle sentido a nada, y el objetivo simplemente es vivir, y vivir satisfecho con lo que soy, lo que hago y lo que vivo. Si hay un sentido, si lo veo, si lo encuentro, bien. Y si no, también.

Comentarios