A tu alrededor

El hombre que está delante tuyo en la fila no tuvo una buena noche. Pero tú no lo sabes, nadie lo sabe. Él vive sólo, el año pasado murió su esposa, nunca tuvo hijos. Pero aún así te saludó con unos "buenos días".

Esa conductora de bus te acaba de sonreir al abrirte la puerta. La semana pasada terminó de estudiar por la noche en la universidad. Ahora es abogada. Tú no lo sabes. Pero en su casa la celebraron, le hicieron una cena especial el fin de semana. Sus padres estuvieron también, vinieron de un pueblo que queda lejos.

Al lado tuyo se sienta un niño. Debe tener unos 9 o 10 años, piensas. Se ve un poco aburrido. Su mamá está sentada en la silla del otro lado del corredor del bus. 

Al niño lo molestan en el colegio porque no puede pronunciar bien las palabras con 's'. Pero le da pena contarle a su mamá. Su papá no vive con ellos. De hecho ya casi no se acuerda de su papá, se fue de la casa hace mucho tiempo, cuando él estaba muy pequeño. Su mamá trabaja mucho y todo el tiempo está cansada, así que no quiere crearle una preocupación más. Nadie sabe que lo están molestando, ni siquiera los profesores. El niño empieza a quedarse dormido, adentro del bus hace una agradable temperatura, todos van más bien callados, se escucha a lo lejos el murmullo de la música que sale de la radio del conductor. Tú dejas recostar sobre tu hombro a Martín, que se empieza a apoyar involuntariamente sobre ti. Miras a su madre y le haces una seña de que no hay problema.

En el trabajo está Tomás. Llega todos los días muy temprano y empieza a limpiar pasillos, baños y escritorios. Siempre está sonriente. Cuando vas por un café lo saludas estrechándole la mano, un saludo casual, ligero pero real. Tú le sonríes y él a tí. Tomás apenas tiene dinero para comer, pero él no se queja. Tiene que sostener a sus dos padres mayores, y el trabajo de limpieza en la universidad no le da dinero suficiente para vivir cómodamente. Así que prefiere que ellos coman bien, él se puede aguantar un poco. No le ha dicho a nadie. Pero le gusta saludarte todos los días, es una especie de ritual que le dice que el día va a ir bien, tranquilo. Sólo tiene que limpiar todo lo mejor que pueda, y luego puede irse a cuidar a sus papas.

Cuando llegas a tu casa, te pones las chanclas, tomas del jugo que quedó del desayuno, y luego de descansar por unos minutos, sigues trabajando en alguna de las historias que llevas años tratando de terminar. Muy pocos saben que te gusta escribir. Sólo unos pocos amigos, tu familia cercana y tu novia. En realidad te dedicas a otra cosa, a investigar cosas complicadas de ingeniería, pero la literatura llegó primero a tu vida antes que las matemáticas, y aún estás tratando de encontrarle el espacio correcto. Tal vez no puedas vivir de ella, pero al menos quieres hacer algo de lo que te sientas satisfecho. Nadie sabe la cantidad de historias que has empezado, que has abandonado, las pocas que has terminado, y las más pocas aún que has publicado. 

Pero no importa, quieres seguir. Aún tienes el impulso. 


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