Propósitos internos/externos

Desde hace un tiempo, unos pocos años, vengo pensando acerca de por qué la gente tiene hijos. Muchos no los planean, pero aún así los quieren cuando saben que van a tenerlos. Otros los planean y los aman. Otros, tal vez pocos, los planean pero no los desean. Algunos, tal vez muchos, ni los planean ni los quieren.

En fin, cada ser humano que ha pasado por este planeta ha pertenecido a alguno de estos grupos, o tal vez a otro que se me ha escapado. Aquellos que los planean y los desean me parecen el grupo más interesante. Y me hacen recordar a mi mamá, quien muchas veces nos ha dicho que mi hermano y yo fuimos planeados y deseados. Nosotros nacimos más o menos cuando mis padres tenían la edad que mi hermano y yo tenemos actualmente, alrededor de los 30 años. Y me pregunto si ellos experimentaban las mismas sensaciones, sentimientos, preguntas que yo siento. Preguntas acerca de la vida, básicamente. De por qué estar aquí, y de para qué seguir acá.

Porque creo que a los 30 años, más o menos, tal vez un poco antes, o un poco después, ya no queda mucho por experimentar. Ya se sabe que tal como ha sido la vida hasta ese momento, así serán los años venideros. Ya no habrá mucho más que nos sorprenda, nada con mucha novedad, uno ya sabe más o menos a qué atenerse. Ya se conocen suficientes lugares y personas como para suponer cómo serán los lugares y personas que aún no visitamos ni conocemos. 

En cierta forma, la existencia se puede volver aburrida, monótona. Y es cierto que en la monotonía y disciplina se puede encontrar plenitud, pero es un proceso difícil de llevar, de alcanzar y de mantener. La mayoría de las personas están buscando acción, emoción, novedad. Por eso compran cosas, comen en restaurantes, salen de viaje, básicamente por eso hacen todo lo que hacen. Aunque yo me he dado cuenta que es un ciclo sin fin. El humano no va a estar satisfecho nunca. La felicidad nos dura un par de horas, de días, de semanas, de meses, de años, y luego queremos ver qué hay más allá, qué ha diferente, aún sabiendo que no hay nada más diferente, todo es lo mismo de lo mismo. 

Algunos no son capaces de soportar eso, ese descubrimiento, esa realización, o tal vez no son capaces de soportar el ritmo que toman para absorber nuevas emociones, y el alcohol, las drogas y cualquier tipo de adicción los desbordan. Tal como el grupo de los 27. Esos músicos, artistas, que murieron a los 27 años. 

Entonces, como que me pareció ver un patrón. Mis padres teniendo hijos alrededor de los 30 años (como seguramente también lo hace mucha gente que pertenece al grupo de los que los planearon y desearon), la simplicidad y monotonía que uno empieza a sentir alrededor de los 30 años, y estas personas (que seguro son más que los famosos) que decidan suicidarse también alrededor de la misma edad.

Es como si el propósito se acabara más o menos a esa edad. Como si no hubiera nada más que hacer. Ya se vio todo. Ya se hizo todo. Entonces, algunos, pensé yo, deciden poner su propósito en algo, alguien, externo. Alguien que depende de ellos completamente durante unos buenos cuantos años. Así que deciden tener hijos, porque así obtienen un nuevo propósito en la vida. Y mi mamá me lo ha dicho muchas veces, y no me gusta: lo hago por ustedes, ustedes son mi motor, mi propósito de vida, etc. Suena muy bonito, y por supuesto que es verdad, pero creo que uno debería por un propósito interno, no por alguien más. 

No sé, son solo suposiciones, nadie lo sabe, pensamientos que se me acumulan.

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